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ESCRITOS

VII - Escrito por R.M. Dhorke

VII - Escrito por R.M. Dhorke

El abismo de lo inútil hemos alcanzado al declarar lo inútil de lo humano. Ahora no hay donde saltar. Abajo se extiende el paraje sin límites. Todo es inútil, porque ser humano es horroroso, porque lo único que provoca es el espanto de morir. Morir la muerte nuestra o ver televisada o contada la muerte de otro. De vez en cuando (nos enteramos que a cada rato) hay un hombre que hace morir a otro. No es el mismo sujeto, varios son los matadores, miles los muertos. Entonces ser humano es horrible y no sirve de nada serlo para parar cada dolor. ¿Por qué hay dolor? podría preguntarme un hijo si antes no me hubiese matado ya, por ser tan imbécil por haberlo traído a este calvario de imbéciles como yo (gracias a los dioses soy estéril, creo). O ¿por qué alguien tortura o mata a otro?. Las razones señoritos, señoritas, son muchas (lamentablemente): por amor, porque el asesino ama o no lo aman; por hambre, del asesino o del ladrón muerto; por la patria, para conservar o para cambiar esa moderna entelequia feraz y canalla; por poder (dinero, especias, lo que sea); etcétera, etcétera... Las razones para hacer sufrir son varias, pero bien podría ser una sola: porque el hombre asesino o torturador es un pobre hipócrita que no sabe suicidarse. El asesino y el maldito torturador temen a su propia muerte y matan (los muy imbéciles) y no saben aguardar su muerte con sabiduría y amor. Creo que es por esto que un hombre infringe dolor sobre otro... Por todo esto proponemos, desde estas palabras borrachas, tener paciencia, nuestra muerte es inevitable, tu muerte está por venir, mi muerte ya llega, y si no llega... ya va a llegar no nos desesperemos... si estamos en el peor potro de los tormentos, ya va avenir la muerte a liberarnos... si tenemos una aguda picana en nuestras garras, probémosla, ese dolor metálico es su sabor anticipado... No apuremos la muerte en nadie. Ante ella somos igualitos hermanos míos, unos torpes granos que caminan por el cosmos. Somos nada. ¿Para qué hacer de estos pasos solitarios algo tan agrio como el dolor? ?Por qué creer que lo que poseemos o pensamos es muuuuy Importante? Somos trágicamente eventuales, no lo olvidemos. El dolor de estar arrojados a las posibles espinas de este mundo vale más que todas las balas y todos los látigos. Ese dolor es ser hombres, quema y es horrible, pero la buena muerte que es dulce, lo apaga para siempre.

Saludo por el que ríe en el inframundo

   Buenas, amigos y amigas, volvemos (siempre volvemos) como si el arrepentimiento fuera un deporte hermoso y edificante... y confieso estoy arrepentido (cosa que odio) por que he abandonado a este hijo (bobo?) que es esta publicación. Ella nació alla por el lejanísimo 2000 (o `99? el signore profesor Peredo les podrá decir con exactitud calendaria ya que este anciano no recuerda ni su santo siquiera), y se movió como todo recién nacido con sustos, movimientos torpes, cagándose encima y mucho llanto de odio a este mundo. El Infierno, (nuestro cotidiano hogar, nuestro domicilio), los satanes que lo habitan, los mandados enfermos que torturan nuestro diario acontecer, nos demandan mucha dedicación y esfuerzo y sufrimiento. Sé que todo esto no es excusa para abandonar a un hijo, pero entiéndaseme que quizás me estoy abandonando a mí mismo, y que con él se va mi ser. Es que quizás abandonándolo, me estoy quedando solo, sin nada, ni mi ser… A mí sólo me queda esta risa amarga y podrida, (antes me servía, me reía de los diablos que eran gordos, y del fuego que tenía olor a mierda y no era tan fatal; y hoy todo me lastima en este lugar, con decirles que me resfrié... sí me enfermé con la humedad del Infierno) hoy estoy débil y muy viejo, creo que siempre fui un anciano decrépito, quizás mañana muera… pero hasta que llegue mi hora final juro que seguiré dándole a Forhtedon el aliento que necesite, aunque se me vaya el que necesite para este cacho de vida que me queda. No he abandonado Forhtedon, lamentablemente soy este espanto tirado en la existencia, soy el que todo lo abandona, soy el que queda solo en las madrugadas masturbándose con banales imágenes santificadas por la televisión… (mi culpa es prestarle mi atención a todo como un fanático panteísta)… Forhtedon es el alma de nuestra literatura, es siniestra y oscura (¿y que querían, alegría de tartamudos cerdos soñolientos?, búsquenla que el orbe está llena de esa fruta inmunda), su aliento huele a una mula muerta, tiene ojos de lava incandescente, mil cabezas de leprosos idiotas y la piel escrita con cuchillos y hachas. Forhtedon es la sonrisa de la amargura frente a lo inútil y lo bello (que es útil y necesario, aunque cueste creerlo). Forhtedon se hace en medio del despiadado devenir, por eso parece un gran viento que pasa y casi nadie ve salvo los que están cerca. Somos hombres del Forhtedon casi a nuestro pesar, qué se le va a hacer… no vamos a cejar ante este dolor que es Forhtedon, amamos este dolor… bailaremos, correremos, sufriremos por esto, aunque nos mate.

epílogo al anuario por Gustavo José León Peredo

epílogo al anuario por Gustavo José León Peredo

  Muchos fueron los mínimos agravios que sufrieron sin lágrimas pronunciables nuestros ojos, pero aquí vivimos: respiren forhtedon. Es nuestro oxígeno, la indetallable amargura de las noches no dormidas, no soñadas, no vulneradas por el sueño que cura la vigilia, tan anémicamente hermosa. Nada se ha ganado, sobre nada hemos triunfado, sólo hemos dado a la esperanza del intelecto enmohecido una vieja mucama: la literatura. Ahora si que caminamos tantas avenidas sin ser vistos, ni aplaudidos, ni reciclados por nadie, a excepción de la lluvia, a expensas del sofocante andar. No, confiadísimo lector, no buscan estas líneas tu conmiseración, gracias de todos modos. Muchas madres hemos perdido y muchos hermanos hemos ignorado, negamos soles y lunas, negamos la mano amiga, la caricia amante, la felicidad del hombre: de toda esa negación han nacido los cuentos y las poesías, los suplicios y los  insomnios,  los esteban y los peredos, los lectores futuros. FORHTEDON nace en las tinieblas por ello sus ojos no se tropiezan en la oscuridad del mundo. Alejados de lo moral o lo inmoral, esas lenguas tan culturales que poco agradan a la literatura, cercanos sí a la experiencia del no vivir y del no existir sino en permanente compromiso desinteresado de hacer lo único que sabemos hacer: leer, pensar y escribir. No podemos darnos el lujo de perder tiempo ganando dinero. ¿Románticos... excéntricos?, narradores, poetas, escribidores de fantasías más reales que la devaluación de los rostros ante el inefable espejo. FORHTEDON los saluda con una mirada vieja y comprensiva, dulce anomia de un beso que se olvida sin nombre bajo el llanto de un muerto. Ámennos, ódiennos, vuelvan indiferentes sus ojitos hacia otra parte. Los siglos sucederán a los siglos, habrá nuevos imperios, volverán los tribunos y los esclavos, los césares y los mártires, todo volverá a ser polvo y desmemoria, fragilidad de olvido, menopausia de dichas propias o ajenas. Pero hoy estamos, hoy respiramos, hoy vemos, olemos y sentimos ese sol y esa lluvia, esa flor y ese llanto. Tenemos tantos nombres como el demonio y tantos sueños de barro como Dios, si algo deben decirnos, si de algún modo deben llamarnos, dígannos simplemente hombres del FORHTEDON, con ello viviremos y moriremos en paz.

VI - Escrito por Manuel X. Vargas

VI - Escrito por Manuel X. Vargas

  Veo a mi lado seres semejantes a mí con sus almas rebosantes, infladas de felicidad, que son  cáscaras, son mugre, son restos de uñas cortadas para el resto del mundo porque parece menospreciarlos con tanta fuerza como ellos lo desprecian haciendo uso de su dicha. Con sus cuerpos parecen decir que nuestras existencias (la de sus vecinos) no sólo no son nada, sino que son poco menos que nada, son la basura del universo, cosas mezcladas con ruidos y con humo, un revoltijo de porquerías que se debate en lamentos y que en ese fragoroso tumulto sólo se ve la corrupción de nuestra débil carne. Pero allí reside la duda de nuestra existencia, pues nos vernos envejecer caminado ciegos hacia la muerte. Vemos que por un lado el cuerpo se muere con la duda y por el otro con los pecados y la débil corrupción. Aunque creo que no nos espanta la muerte, sino que nos duele vernos ciegos, sucios y fríos, solos. Por allá hay algunos que hablan de la no existencia de Dios, o de que no hay Dios pero es sólo para despotricar contra la Iglesia, y para poder escupir hostias o correr a mear el agua bautismal, cuando no se dan cuenta de lo necesaria que es la idea de Dios. La de un orden que todo lo tranquilice y lo legisle. El hombre fija una realidad para poder organizarse y vivir su vida productiva, comunicándose y relacionándose con otros por medio del lenguaje, pero necesita en un momento a Dios, en el necesario momento paralelo a la actividad productiva que algunos llaman ocio, algunos arte, otros religión o belleza y que llena momentos aparte del trabajo, es decir, es la tranquilidad, allí es necesaria la idea de Dios, es cuando el hombre piensa en sí mismo, en su grupo, en su realidad. Momento que viene luego de su vida, es la noche cuando se reúne y cuenta historias, o cuando celebra sus ritos o cuando baila y disfruta del opio. Dios es necesario, por lo menos su sombra debe estar allá a lo lejos en un monte, sobre una planta cerca del horizonte; es decir Dios debiera siempre estar porque es necesario para el orden y para el hombre. Porque el hombre debe descansar para seguir trabajando, derritiendo su propia tranquilidad con diversión. El hombre moderno hace competir la idea de un dios contra la idea de una realidad necesaria y establecida y publicitada. Siempre se podrá decir que una es más necesaria que la otra, siempre se encontrarán argumentos para una u otra como esenciales para lo real. Por un lado los textos místicos, y por otro las legisladas informaciones periódicas, que vendrán a apuntalar con rigideces aquellas ideas. Pero ambas son versiones, sólo versiones, de las que se ríe con dientes filosos y la verdadera realidad que no conocemos. Pues parece que más allá de lo dicho anida algo. Más acá hay quienes creen en Dios pero son como curas físicoculturistas con descomunales miembros que atoran al mundo con su fe, sustentada por la fuerza de sus puños brutales. Por un lado no ven los problemas que suscita la palabra Dios y por el otro no ven más allá de sus ignorantes glándulas a las otras maneras de la fe como la anarquía, el ateísmo, el nihilismo, la filosofía, la historia, el lenguaje, etc, etc. Hoy nos mostramos como hombres huecos, pero es el momento de la historia en que tenemos más herramientas e ideas, hay muchísimas posibilidades de elección pero no queremos elegir porque somos temerosos. Aunque creemos en el progreso rompemos las cunas de la civilización, y siendo ignorantes que se ríen con desprecio nos revolcamos en la barbarie más horrorosa. Somos cultura hecha carne, por lo tanto somos frutos de semillas variadas, es decir hay plurales manifestaciones que no conocemos y que deberíamos indagar para no ser injustos más allá del bien y del mal. Somos hermanos aunque nuestro padre sea el desconocido que pasó sin vernos.

prólogo al anuario por el que ríe en el inframundo

prólogo al anuario por  el que ríe en el inframundo

   Salud, amiguitos y amiguitas!... estamos con ustedes de nuevo diciendo cosas que ya dijimos (nos parecemos a otros, qué se le va a hacer!), porque hace rato que no las decimos en la calle. Como en una reminiscencia repetimos nuestro pregón antiguo: el Arte es útil, si anda buscando la Belleza, si nos da el beneficio del goce, si es divertido. Hoy ampliamos esta proclama en un mandato: ¡Que el Hombre sólo haga cosas lindas! Y nada más!!. Cansan el haragán confort, el tiempo insulso de los televisores, porque nos ahuecan la esperanza. Por ejemplo, hoy, sólo buscamos el control remoto del placer amoroso. Y nos agotamos escondiendo los fracasos porque nos dicen que solamente los adinerados héroes son amados verdaderamente. Tenemos que educar a nuestros hijos para que insensatamente gocen de la absurda vida. Creemos que hay Belleza, pero que no hay una única forma pura. Cada ser conoce su propio goce, sabe lo que le gusta, en su instinto está la Belleza, asi como el hecho de que no debe dañar a su prójimo, salvo que el estropicio del otro se le presente como necesario a su propio deleite. La Belleza es una moral, y creemos que debe ser la única. El fantasma del progreso positivista recorre los intestinos del mundo: es hora que abramos nuestros agujeros y evacuemos ese veneno. En occidente, hoy, estamos infectados de una regla de belleza corporal… Ah, si esos mutilados no fueran tan crueles! no se habrían maltratado muchísimas linduras!. Pensemos esto: si hacemos mucha fuerza (mental, espiritual, intelectual) podemos vencer estas (y otras) reglas ancianas que nos oprimen. La victoria es posible porque todos, alguna vez, han sido vencidos, nadie es un infalible invicto para siempre, nadie.
   Los de Forhtedon somos pregoneros, nada más. No tenemos verdades reveladas, ni fotos movidas, somos exclusivos gritadores afónicos de (y por) la Belleza gozosa. Entusiastas removedores de cosas viejas, como gente en perpetua mudanza que no se quiere olvidar nada. Nos damos cuenta que como especie nos quedan muchas cosas en los baúles, en las cajas, en los cofres, que no hemos revisado nada de nuestra casa nueva ni de la antigua. Creemos que todavía no conocemos nuestra ropa, ni nuestra cara, ni nuestro nombre… y menos que menos a nuestros vecinos.
   Vamos a crear cosas hermosas. Busquemos la felicidad en todo lo que hagamos. Seamos herederos de los dioses que nos han legado el mundo y nos han abandonado para morirse en sus cuevas. Amemos…
   ¿Vamos a regalarnos las cosas que hallemos? ¿Vamos encontrar todas las cosas lindas? ¿Vamos a ponerles nombres a todo y a cambiarlos cuando se nos dé la gana?

V - Escrito por R. M. Dhorke

V - Escrito por R. M. Dhorke

   Esto es una confesión: he cometido algunas certezas. Varios anatemas aspirantes de verdades insólitas e inéditas han poblado estas pobres páginas. Hemos de confesar nuestra culpabilidad, pero se aceptan perdones. Pomposamente hemos anunciado que nada de lo humano sirve para detener el horror de ser humano, pero lo que hemos querido decir es que ni siquiera decir eso sirve para nada. No quise exagerar el dolor, no somos cantores de la muerte, ni nos ejercitamos en la Metafísica. Siguiendo  modas modernas, me he enrolado en una doctrina herética, la de los fanáticos de la duda. Creo que algunos la siguen con risitas turbias para cumplir sus deseos de escupir hacia las hostias, otros para suplir con tranquilidad su profunda culpa, y otros por el iluminado camino de la recta verdad que creen que aporta; hay muchísimos, tantos que son indistinguibles. Yo, con horror he ido sintiendo una soledad en las calles de tierra de mi pueblo; una soledad en medio de una multitud de semejantes, o que yo consideraba mis semejantes. Desde allí dudé, y el desamparo y el dolor me habitaron. Mi falta fue atribuirle a todos mi propia desazón. Hoy creo que el presente y el dolor son únicos e irrepetibles, individuales, y que la muerte es el ave negra que nos ronda (a todos) en nuestras noches cubriéndolas, y que nunca la llegamos a ver. La realidad o la verdad son órdenes tranquilizadores como copas de agua en la sed, pero son sólo versiones o sorbitos de un agua desconocida. Creo que no hay realidad última más palpable, que la carne que pueden arrancar nuestras uñas y que al fin es la nuestra. Mi fe está en las palabras, porque allí se anidan las semejanzas que son difusos dibujos de cosas que no todos podemos ver, y que algunos ven diferente. Por las palabras  podemos trasmitir enfermedades como el dolor o la desesperación, pero también llorar. Por ellas te puedo escuchar aunque no te entienda totalmente. Pero sólo es una fe, mi fe, que no calmará las lágrimas de tu dolor, ni mi desesperación por verte llorar. Se siente el horror y el dolor, pero es particular y único cada vez. El sufrimiento es una mera circunstancia, hay otros cuya peor desdicha no se nos publica o no se nos informa, y sólo queda de ellos un lamento lejano y difuso en una pieza a oscuras. A todos puede parecernos que el presente tiene un peso específico más fuerte, que las demás formas del tiempo. El futuro no existe porque es lo que todavía no ha sucedido. El pasado es lo que ya sucedió, por lo que no existe. El presente no es divisible porque tendría una parte de futuro y una de pasado, ni es indivisible porque no se ligaría al futuro o al pasado. Por lo que el presente no existiría. Aunque sólo en el presente siento este malestar que me carcome sólo a mí. ¿Es que nunca podremos entender el dolor de nuestros hermanos?. Somos arrojados como cascotes al mundo, somos individuos, meros invitados a comer bazofia, especies únicas e irrepetibles. Quizás haya que pensar que no hay verdades, y que sólo hay conjeturas, órdenes que intentan abarcar multiplicidades caóticas que dejan afuera varias comparsas de desdichados. Quizás sólo haya este presente que se va continuamente. Quizás sólo estoy yo en este presente, y ni siquiera sé mi nombre verdadero o venidero.

IV - Escrito por el Dr. Pangruel

IV - Escrito por el Dr. Pangruel

   El guerrero sabe que va a morir, pero igual afila su espada para entrar en lo más tremendo del combate, todo el tiempo sabe que va a morir, y cada chispa que le quema los ojos es el brillo de la sonrisa podrida de Mandinga, y cada caído lo prefigura, y él lo sabe. Esa sangre que mancha sus sucios estandartes es su sangre, pero no teme, porque sabe que va a morir, inevitablemente, y aún cuando pueda salir del lodazal donde sus pies se entierran y seguir luchando con victoria lo hará, pero sobre otros que han muerto como lo hará él en un momento u otro, cuando el filo de una espada cercene su cabeza, o un poco más tarde cuando sea viejo. El paciente guerrero sabe que va a morir, como el sabio paciente, ambos afilan espadas y pensamientos, ambos mueren por esas herramientas sabiendo que van a morir. El guerrero no lucha y ni mata por su espada o por su reino, menos por su amada, sino porque sabe que va a morir, y quiere gloria, quizás porque desea ser valiente, o lo tranquiliza el desprecio de su propia carne. El sabio no piensa por el progreso de las ciencias, ni por el ejercicio mismo, sino por que sabe que va a morir, y el melifluo sabor del entendimiento es el único bálsamo para su pobre alma de ser humano. Ambos son pacientes, y ambos gozan de su condición, y ambos saben que se van a morir, como todos los amos y los desdichados obreros y los esclavos pobres desencantados del mundo que quizás no saben que van a morir. Obreros y esclavos, a ellos les debemos el mundo como un paraíso, pero apenas saben que se van a morir. Ellos sólo hacen, viven para hacer, para concretar las órdenes de nuestros amos, para acarrearles aquellos objetos con los que se masturban hasta el asco. Y los amos nos dan cosas, insólitas migajas de su propia crueldad que se refugia en  esas limosnas, cosas de sus catedrales fatales, gimnasios para sus rodillas infames. Nos dan noticias, y mujeres bellas, y largas enunciaciones, peroratas discapacitadas de pensamiento. Los amos van a morir un día, pero sufren cada vez que lo recuerdan, pues tienen esperanzas de vida divina que nadie puede asegurarles. Quizás nunca los obreros podamos derrocar a los amos, quizás ese orden infame sea lo único no perecedero de la condición humana, sólo nos queda hacerlos sufrir con el recuerdo de que todos nos vamos a morir. ¡Pobres nuestros asquerosos amos! No saben que van a morir. Sí, como todos nosotros, pues todos llegaremos a un día que será el día de nuestra muerte, ese día moriremos. En un momento estaremos agitados, vivos, agonizantes, mirando el techo de nuestras vidas, para luego arquear nuestros lomos de dolor hasta que al fin todo se detenga. Y en ese preciso momento comenzará nuestra pudrición, primero lenta y olorosa, lenta, y luego la corrupción más feroz invadirá nuestros cuerpos yacientes y con su ejercito de gusanos nos masticará hasta el polvo final... guerreros, amos, sabios, obreros son símbolos inútiles, fallecederos ante la idea de la muerte...   Y aquella es la única verdad que nos podemos demostrar, pues sabemos que todos moriremos para luego al fin podrirnos como comida al sol, lo que se puede decir del resto, vida anterior o posterior a la muerte, son bellísimas creaciones en las que creemos de manera muy ferviente y con mucho placer, la religión y la literatura son quizás los momentos más sublimes donde se tocan las cuerdas más leves y profundas del alma, cuando se oye en los cielos la mejor música que el hombre puede hacer con las palabras de su muerte; y desde esos momentos creemos con la paciencia de esperar nuestra muerte y la posterior disolución...

III - Escrito por R. M. Dhorke

III - Escrito por R. M. Dhorke

Aquí estamos, en las vísperas de algo malo, pues lo que se viene es algo horrible, monstruoso. Amigos no sé que es, pero creo que es lo peor: el descubrimiento de que nada tiene solución, pues lo más humano es la muerte, y ante ella nada sirve. Ante esa idea necrosante en nuestra mente, nada vale nada, entonces: ¿para qué el arte? O ¿para qué el amor? O ¿para qué lo bello? Por que en definitiva el mundo, y este hombre moderno,(aquí no se mencionará “capitalismo” o “economías neoliberales-imperialistas-oligarcas”), engendra pobres gentes como muñecos fofos y sin alma, desnutridos de dulzuras, para que engendren a otros estúpidos empobrecidos y con los mocos chorreantes que lustrarán las mugres de amos vanidosos y sin seso también. Por esto el arte y la belleza son conceptos fallecederos, vanos ante la falta de comida de un solo hombre. Una oración que quizás es hermosa, no es un plato de comida en el dulce yantar de una pobre alma. Esta idea nos duele, muchas hermosa páginas nos gritan sus reproches, pero es lo que pensamos ante una mirada perdida en la desesperación del ruido de sus tripas. En este mundo injusto la poesía no sirve, pero así como el hombre es lobo del hombre, y a sido su propio dañador, los artificios que ha creado le han dado alivio a sus cuitas. Muchas cosas que ha hecho fueron con la intención de curar sus daños, y así el licántropo del hombre ha provocado la Divina Comedia o Crimen y castigo (o una divina comedia del crimen y el castigo) para que muchos inválidos podamos sentir la belleza. El arte como la ciencia, son malditos productos de entes malditos, así la belleza artística no sirve pues nace de manos ennegrecidas por la sangre fraticida. Pero se debe a que nada de lo humano sirve para detener esa maldad del hombre contra el hombre. Otra muestra es lo moral o lo religioso: en Nuremberg fueron esgrimidos los argumentos del casto Imanuel Kant, y la santa cristiandad dio origen a la Santa Inquisición, y los libertarios luteranos originaron sangrientas revueltas religiosas, y así se puede seguir hasta el cansancio. Hasta allí se puede llegar, hasta el último sótano infernal, y allí en la oscuridad uno puede ver con sudor, apoyado en las paredes de ese pozo de infecciones que lo propio esencial humano es el horror. El horror (como dice el general Kurtz bañado en su sangre, partido por un machetazo), horror que es horror de muerte. Tanto la de nuestros hermanos a quienes matamos como la nuestra, porque en la muerte ajena vemos la propia por la que estamos señalados. Horror que es dolor, que es nada o sólo esperar lo que no se sabe aún, porque si pensamos en la muerte todo pasa más despacio y nada llega, sólo estar en el horror de que nada llega a contestarnos qué cosa es la muerte, o peor qué cosa infame somos.
Y estas son las festivas vísperas que estamos anunciando, aunque otros ya las han anunciado: anunciamos que el arte o la vida no sirven, porque nada de lo humano sirve para detener el horror de ser humano.

II - Escrito por El gigante Ferragús

II - Escrito por El gigante Ferragús

La belleza vive momentos difíciles(no se dirá que ha muerto). Agoniza, de la peor manera. Pues la poesía y la literatura sufren un mal de estos tiempos, la Novedad. Por ella las obras cumplen la función de la sorpresa, como si el lector estuviera enfermo de hipo. Los escritores nos esforzamos por la idea original, la imagen lograda de manera única, la palabra que golpea, el argumento más inesperado. Así la poesía no es barroca, ni conceptista, es simplemente mucha tierra amontonada al lado de un pozo viejo. El esfuerzo del lector puede desentrañar la escritura; aunque algunos débiles intelectos (como el de este humilde servidor) por más que se empeñan no logran ni alterarse ni nada. Benjamin dice que el hombre moderno no sabe narrar, y tampoco escuchar, y que su mayor problema es entender, aprender de su experiencia y de la de otros. Las comunicaciones y las relaciones se van entorpeciendo cada vez más, por eso este hombre parece aislarse cada vez más. Elíade dice que el arte moderno es un arte en ruinas, por que todos los grandes artistas del siglo XX han destruido los lenguajes del arte, ellos nos han dejado sólo los escombros. Y por lo tanto aquella literatura que se queda con la dificultad, y que se fascina en el tropiezo verbal es la que se queda con los cascotes, pues martilla y martilla sobre nada. Hoy, ya no queda nada por tirar. Todo ha sido arrasado. No tenemos lenguaje, ni cosas que contar. Por eso proponemos construir. Nuevamente presentemos historias para que todos disfruten. Traigamos la Idea para que movilice nuestro arte, y que las ideas sean una mínima búsqueda de Absoluto, que esas historias no sean hijas sólo de la literatura, sino que trasciendan a la oralidad, y que mañana, en el futuro el hombre que leyó esa historia pueda contarla, repetirla y renovarla.

I - Escrito por El que ríe en el inframundo

I - Escrito por El que ríe en el inframundo

Señoras y Señores: en estas páginas se encontrarán con el anuncio de que la Belleza sirve. No con la valorización de la utilidad, como la que se hace con el trabajo de un obrero o con un tacho de pintura. No. La belleza tiene un fin que es ella misma. Un fin último, que la justifica. Así nos lo han enseñado los grandes hombres. Nuestros maestros vieron ese fin metafísico en la Poesía. De allí que, Cowes y Macedonio, nos digan que la poesía vale por lo que ella es en sí misma. Por esto la Belleza es eterna, y perdura en detrimento de las cosas, que se pudren. En la Poesía y en la Literatura se encarna, se viste con las ideas, como en la Filosofía y en el Cine. Hacer belleza es el fin del Arte. Hacerla con la Idea, para que al fin sirva. El ejercicio del pensamiento, el pensar, es esa búsqueda que realizamos al tomar con manos temblorosas una obra, y al fin gozar entendiéndola. Ese es el fin del Arte: gozar como chanchos, y entender, y al fin, pensar. Entender porque las ideas nos pueblan, bailando en imágenes que sentimos que el poeta sintió, y que por lo tanto son verdaderas. Porque el Arte es verdad, se hace real, verdadero, si representamos lo leído; que además fue escrito desde un hecho real en el alma del poeta. Al fin, el arte es más real que la realidad, porque es doblemente real: desde el poeta que crea con su realidad, al lector que interpreta y participa con su realidad. Todo para que la obra se eleve a una realidad divina. El Arte sirve, porque la Belleza sirve. Ambos nos justifican como seres, nos hacen ser ese pedazo de barro o carne que piensa. El universo puede ser caos, puede no existir... ese es otro problema, el hombre se justifica por su anhelo de belleza.