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El abismo de lo inútil hemos alcanzado al declarar lo inútil de lo humano. Ahora no hay donde saltar. Abajo se extiende el paraje sin límites. Todo es inútil, porque ser humano es horroroso, porque lo único que provoca es el espanto de morir. Morir la muerte nuestra o ver televisada o contada la muerte de otro. De vez en cuando (nos enteramos que a cada rato) hay un hombre que hace morir a otro. No es el mismo sujeto, varios son los matadores, miles los muertos. Entonces ser humano es horrible y no sirve de nada serlo para parar cada dolor. ¿Por qué hay dolor? podría preguntarme un hijo si antes no me hubiese matado ya, por ser tan imbécil por haberlo traído a este calvario de imbéciles como yo (gracias a los dioses soy estéril, creo). O ¿por qué alguien tortura o mata a otro?. Las razones señoritos, señoritas, son muchas (lamentablemente): por amor, porque el asesino ama o no lo aman; por hambre, del asesino o del ladrón muerto; por la patria, para conservar o para cambiar esa moderna entelequia feraz y canalla; por poder (dinero, especias, lo que sea); etcétera, etcétera... Las razones para hacer sufrir son varias, pero bien podría ser una sola: porque el hombre asesino o torturador es un pobre hipócrita que no sabe suicidarse. El asesino y el maldito torturador temen a su propia muerte y matan (los muy imbéciles) y no saben aguardar su muerte con sabiduría y amor. Creo que es por esto que un hombre infringe dolor sobre otro... Por todo esto proponemos, desde estas palabras borrachas, tener paciencia, nuestra muerte es inevitable, tu muerte está por venir, mi muerte ya llega, y si no llega... ya va a llegar no nos desesperemos... si estamos en el peor potro de los tormentos, ya va avenir la muerte a liberarnos... si tenemos una aguda picana en nuestras garras, probémosla, ese dolor metálico es su sabor anticipado... No apuremos la muerte en nadie. Ante ella somos igualitos hermanos míos, unos torpes granos que caminan por el cosmos. Somos nada. ¿Para qué hacer de estos pasos solitarios algo tan agrio como el dolor? ?Por qué creer que lo que poseemos o pensamos es muuuuy Importante? Somos trágicamente eventuales, no lo olvidemos. El dolor de estar arrojados a las posibles espinas de este mundo vale más que todas las balas y todos los látigos. Ese dolor es ser hombres, quema y es horrible, pero la buena muerte que es dulce, lo apaga para siempre. nombre: Ralph Mathew Dhorke estado civil: viudo edad: 66 auto: carruaje nacionalidad: forajido profesión: filósofo y sabio dudoso helados: no le gustan *no le gusta escribir formularios ni hacer trámites a la mañana documentos: los tiene en la casa domicilio: ayer se acordaba humor: no tiene (se preguna si cuenta el grano de pus que le salió en el traste) ¿qué se llevaría a una isla desierta?: un barco, un arma, provisiones **este cuestionario salió publicado el 14 de enero de 1986 en el querido El diario de literatura que se editaba mensualmente en la ciudad Sevilla (nº454 pág. 12), Editorial Literaria. La amistad es un remedio muy barato y vital para que el dolor que nos da el mundo y nuestra idiotez o nuestra maldad... otras pociones son amargas y caras, y requieren pactos con diversos y demasiado crueles entes... la práctica de la amistad es ardua y conlleva sacrificios como muchas cosas en esta vida... ser poetas y narradores es nuestra misión, hacer literatura, ese momento de soledad ante nuestro rostro descarnado y un papel en blanco, pero también ser amigos para nosotros es hacer un poco más por la literatura ya que en medio nuestro se van mil argumentos e imágenes preciosas, mariposas de nocturnos colores que por aquí sólo se ven... Buenas, amigos y amigas, volvemos (siempre volvemos) como si el arrepentimiento fuera un deporte hermoso y edificante... y confieso estoy arrepentido (cosa que odio) por que he abandonado a este hijo (bobo?) que es esta publicación. Ella nació alla por el lejanísimo 2000 (o `99? el signore profesor Peredo les podrá decir con exactitud calendaria ya que este anciano no recuerda ni su santo siquiera), y se movió como todo recién nacido con sustos, movimientos torpes, cagándose encima y mucho llanto de odio a este mundo. El Infierno, (nuestro cotidiano hogar, nuestro domicilio), los satanes que lo habitan, los mandados enfermos que torturan nuestro diario acontecer, nos demandan mucha dedicación y esfuerzo y sufrimiento. Sé que todo esto no es excusa para abandonar a un hijo, pero entiéndaseme que quizás me estoy abandonando a mí mismo, y que con él se va mi ser. Es que quizás abandonándolo, me estoy quedando solo, sin nada, ni mi ser… A mí sólo me queda esta risa amarga y podrida, (antes me servía, me reía de los diablos que eran gordos, y del fuego que tenía olor a mierda y no era tan fatal; y hoy todo me lastima en este lugar, con decirles que me resfrié... sí me enfermé con la humedad del Infierno) hoy estoy débil y muy viejo, creo que siempre fui un anciano decrépito, quizás mañana muera… pero hasta que llegue mi hora final juro que seguiré dándole a Forhtedon el aliento que necesite, aunque se me vaya el que necesite para este cacho de vida que me queda. No he abandonado Forhtedon, lamentablemente soy este espanto tirado en la existencia, soy el que todo lo abandona, soy el que queda solo en las madrugadas masturbándose con banales imágenes santificadas por la televisión… (mi culpa es prestarle mi atención a todo como un fanático panteísta)… Forhtedon es el alma de nuestra literatura, es siniestra y oscura (¿y que querían, alegría de tartamudos cerdos soñolientos?, búsquenla que el orbe está llena de esa fruta inmunda), su aliento huele a una mula muerta, tiene ojos de lava incandescente, mil cabezas de leprosos idiotas y la piel escrita con cuchillos y hachas. Forhtedon es la sonrisa de la amargura frente a lo inútil y lo bello (que es útil y necesario, aunque cueste creerlo). Forhtedon se hace en medio del despiadado devenir, por eso parece un gran viento que pasa y casi nadie ve salvo los que están cerca. Somos hombres del Forhtedon casi a nuestro pesar, qué se le va a hacer… no vamos a cejar ante este dolor que es Forhtedon, amamos este dolor… bailaremos, correremos, sufriremos por esto, aunque nos mate. Muchos fueron los mínimos agravios que sufrieron sin lágrimas pronunciables nuestros ojos, pero aquí vivimos: respiren forhtedon. Es nuestro oxígeno, la indetallable amargura de las noches no dormidas, no soñadas, no vulneradas por el sueño que cura la vigilia, tan anémicamente hermosa. Nada se ha ganado, sobre nada hemos triunfado, sólo hemos dado a la esperanza del intelecto enmohecido una vieja mucama: la literatura. Ahora si que caminamos tantas avenidas sin ser vistos, ni aplaudidos, ni reciclados por nadie, a excepción de la lluvia, a expensas del sofocante andar. No, confiadísimo lector, no buscan estas líneas tu conmiseración, gracias de todos modos. Muchas madres hemos perdido y muchos hermanos hemos ignorado, negamos soles y lunas, negamos la mano amiga, la caricia amante, la felicidad del hombre: de toda esa negación han nacido los cuentos y las poesías, los suplicios y los insomnios, los esteban y los peredos, los lectores futuros. FORHTEDON nace en las tinieblas por ello sus ojos no se tropiezan en la oscuridad del mundo. Alejados de lo moral o lo inmoral, esas lenguas tan culturales que poco agradan a la literatura, cercanos sí a la experiencia del no vivir y del no existir sino en permanente compromiso desinteresado de hacer lo único que sabemos hacer: leer, pensar y escribir. No podemos darnos el lujo de perder tiempo ganando dinero. ¿Románticos... excéntricos?, narradores, poetas, escribidores de fantasías más reales que la devaluación de los rostros ante el inefable espejo. FORHTEDON los saluda con una mirada vieja y comprensiva, dulce anomia de un beso que se olvida sin nombre bajo el llanto de un muerto. Ámennos, ódiennos, vuelvan indiferentes sus ojitos hacia otra parte. Los siglos sucederán a los siglos, habrá nuevos imperios, volverán los tribunos y los esclavos, los césares y los mártires, todo volverá a ser polvo y desmemoria, fragilidad de olvido, menopausia de dichas propias o ajenas. Pero hoy estamos, hoy respiramos, hoy vemos, olemos y sentimos ese sol y esa lluvia, esa flor y ese llanto. Tenemos tantos nombres como el demonio y tantos sueños de barro como Dios, si algo deben decirnos, si de algún modo deben llamarnos, dígannos simplemente hombres del FORHTEDON, con ello viviremos y moriremos en paz. Creo que tiene miedo. Está sentado en su cama viendo la ventana. Ahí afuera todo está gris y húmedo, en el invierno devastador. Ha despertado de una pesadilla, las imágenes todavía recorren sus ojos. Un niño deforme ve jugar a otros niños éstos ríen y señalan la rugosidad de su piel Otro tomó una piedra dándole en el rostro, éste lo mordió arrancándole un dedo En la arena, cerca de los juegos de la plaza, tomando su mano el niño llora y vomita Como un teatro, oscureció el cielo de nada; y Lucifer gritó “Oh hijo, pequeño amor, entra a casa de prisa!” y el cielo encendió sus luces y ya no se oyeron risas. |
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