El esclavo...
A ti, oh Ángel vicioso, conduzco mis afanes
pues sólo tú conoces, como el calor a la llama,
que Espíritu y Paraíso entre otras estafasson predicados inciertos e imperdonables.
Regidos por un destino ingobernable
que corrompe al niño y a la santa,
siendo Opio y Vino la Esperanza
del filántropo y el miserable.Aquél a quien se le clama está lejano,
e indiferente, como una ramera que produce placer,y se mofa de oír plegarias respondiendo “Tal vez”.
Oh Tú, Ángel del vicio, yo soy tu esclavo,
tu hermano, tu amigo ¡Ea, vamos a beber!Escupe vino en las copas y trae una mujer.
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